Palabra e imagen en Morirás lejos. Un acercamiento a José Emilio Pacheco


Nancy Hernández García

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


A la memoria de Narciso García, mi amoroso abuelo.

Para Lenin González, mi lugar en el mundo.


Prólogo en la esquina

Maximiliano Sauza Durán

 

Nancy Hernández García y José Emilio Pacheco se han encontrado en varias esquinas —en muchísimas, de hecho—, hablando, claro está, desde mi experiencia y percepción. A ambos los conocí leyéndolos. A aquél, en la noche de su vida, cuando una vecina —estudiante de Letras— me prestó Las batallas en el desierto, después de que me contara que un tal José Emilio Pacheco había fallecido y me recomendaba leerlo. A Nancy, por el contrario, la conocí en el amanecer de su carrera, cuando leía sus primeras reseñas literarias en la revista Amarcafé.

Otra esquina donde convergen estas dos figuras es, ya alejándonos de mi vanidad, la Literatura misma. El ensayo, por supuesto, es el sendero que los emparenta con mayor acierto. Nancy (me rehúso a llamarla Hernández García, como exigirían ciertas normas medio caducas cuando hay cariño de por medio) ha ensayado prácticamente toda la obra de José Emilio (aquí sí espero no ofender a los pulcros pachequianos por tutear a la memoria del Maestro). En “‘Tenga para que se entretenga’: José Emilio Pacheco nos cuenta una leyenda urbana”, Nancy nos deleita con un conocimiento  —dirían los barrocos— de apariencia infusa, pues tan habituada está ella a la narrativa del prolífico escritor, que uno siente que no lee un ensayo, sino que escucha una plática. (Lo cual, empero, es el mayor logro de la ensayística y, quizá, la cima más difícil de alcanzar.)

“Tenga para que se entretenga” es uno de los mejores cuentos de Pacheco, no sólo porque en él hay registro de distintos géneros discursivos, como la nota periodística o el chismorreo parroquial; sino por la presencia de un entramado que resulta hermético y fascinante a la vez: una representación de la vida moderna de México, de sus promesas de progreso jurídico, del fracaso que éstas desencadenan, y del cúmulo de mitologías que el desencanto anuncia, promulga y fomenta. Nancy, desde su sensibilidad y su experiencia como habitante de la Ciudad de México (otra esquina de felices encuentros con José Emilio) descubre la clave para leer el cuento.

El ensayo que ha escrito Nancy, y ahora prologo, anuncia un verdadero prólogo a un gran cuento, que fue escrito y reescrito; y en el embudo del tiempo su autor supo dotarlo siempre de renovados elementos que parecen nimios, pero resultan significativos ante los ojos atentos.

El lector advertirá a una Nancy Hernández García con grandes facultades de observación y análisis. Advertirá también una prosa digerible, sensible, de una joven autora que sabe atar cabos, que puede hallar pasadizos secretos en una misma obra a través de los años, que conoce de lo que habla y vive lo que escribe. Advertirá el lector, aseguro sin lisonja, ya no el génesis de una ensayista, sino un talento que encontró su camino.


Apaseo el Alto
18/07/2018


El arte es otra cosa

distinta. El resultado

de mucha vocación

y un poco de trabajo.

Jaime Gil de Biedma

 

 

Hay libros que son para el público y

libros que hacen su propio público.

Umberto Eco

 

 

 

 Nota

 

El nombre José Emilio Pacheco (Ciudad de México, 1939-2014) bien puede considerarse sinónimo de la palabra poligrafía; eso fue este hombre de letras. Él mismo relata en su conferencia de Los narradores ante el público que desde niño le interesó sobremanera la lectura, gusto adquirido gracias al regalo que le hicieron sus abuelos: una versión infantil de Quo Vadis? Los libros que caían en sus manos eran devorados y el mismo placer de la lectura lo llevó al deseo imperante de escribir. De modo que no quiso ser otra cosa que escritor y vivir de la pluma, lo que en un país como el nuestro es privilegio de pocos.

La obra de Pacheco es extensa, lo mismo que los premios que recibió a lo largo de su trayectoria, entre ellos los máximos galardones otorgados a las letras hispanoamericanas: el Premio Reina Sofía de Poesía y el Cervantes de Literatura, ambos concedidos en 2009.

Llama la atención que su novela Morirás lejos haya estado un buen tiempo empolvándose, no obstante es compresible, puesto que se trata de una novela muy compleja. Sus otros cuatro libros de cuentos y la nouvelle son ampliamente conocidos. Morirás lejos solo por algunos, aunque supongo que debido a la reedición por el 50 aniversario, los lectores se multiplicarán. Fue esto, el hecho de que la novela sea poco conocida entre los lectores, amén del gusto personalísimo por la escritura pachequiana, lo que me llevó a analizar el que me parece su rasgo más importante: lo cinematográfico, en donde radica gran parte de su complejidad por los entrecruces de palabra e imagen.

 

 

Morirás lejos, novela experimental

 

El estilo de los relatos de José Emilio Pacheco es (aparentemente) sencillo, conciso y directo. Estos rasgos caracterizan su escritura —amén de los “Inventarios”, que casi son un género aparte, en el que también se puede hablar de un carácter enciclopédico y de divulgación—. Morirás lejos, única novela de su obra, se distingue de su narrativa por el tema y los personajes, ya que en la mayoría de sus cuentos los personajes son niños en la transición a la adolescencia, o bien, se trata de personajes adultos que tienen que ver con momentos de la historia mexicana, tema que le interesó mucho al autor.

Respecto a las técnicas utilizadas para la escritura de sus cuentos y nouvelles, hay una gran variedad y al mismo tiempo similitudes; como lo dije arriba, el autor tiene predilección por los personajes infantiles y, del mismo modo que Borges y muchos otros escritores, también retoma otros textos literarios y a otros autores para su propia creación, es decir, su literatura tiene un rasgo libresco. Grosso modo, y dejando de lado Morirás lejos y Las batallas en el desierto, haré un análisis somero de los relatos de El principio del placer y desde allí señalaré las similitudes con otras narraciones del autor.

Cuatro de los seis relatos que componen El principio del placer comparten el carácter fantástico; “El principio del placer” y “La zarpa” son textos más cercanos al tono realista. Me explico: la nouvelle está enunciada desde la escritura del diario de Jorge, el protagonista, lo que es una ironía, pues los diarios son un asunto femenino: “Llevar un diario me parece asunto de mujeres. […] De esto a los sobres perfumados solo hay un paso. Qué risa les daría a mis compañeros de escuela enterarse de que yo también ando con estas mariconadas.”[1] En este punto, la ideología de Jorge y Carlitos (protagonista de Las batallas en el desierto) son similares, a ambos niños se les ha inculcado una manera específica de ser hombres, que no estaba lejos del estereotipo signado por la Revolución; un hombre no debía ser sentimental ni expresar sus emociones. Tanto Carlitos como Jorge no comprenden esta idea y por eso buscan una manera en la que puedan ser; para uno es afrontar la situación de su enamoramiento por Mariana y confesárselo y para el otro la escritura del diario. “La zarpa” es la confesión, más bien, desahogo, con el sacerdote, de Zenobia por toda una vida envidiando a Rosalba, su mejor amiga; el texto, a ratos, parece un libre fluir de la conciencia combinado con sus recuerdos, salvo por las veces en que Zenobia menciona al sacerdote; el lector se adentra en la intimidad de Zenobia: “No tengo a nadie con quien hablar y cuando me suelto… Ay, Padre, qué vergüenza, si supiera, jamás me había atrevido a contarle esto a nadie, ni a usted”. (p. 55). La voz del sacerdote nunca se escucha, únicamente está presente, de modo que ese lugar podría tomarlo el lector, quien efectivamente es el receptor de la confesión de Zenobia. Nuevamente esta técnica es equiparable a la de Las batallas en el desierto, en donde el protagonista lleva al lector hacia su infancia a través de sus enmarañados recuerdos; y también se relaciona con “La reina” (de El viento distante), personaje femenino semejante a Zenobia. Los cuentos restantes del volumen, “La fiesta brava”, “Langerhaus”, “Tenga para que se entretenga” y “Cuando salí de La Habana, válgame Dios”, se insertan en la literatura fantástica; en todos ellos suceden cosas inesperadas en un ambiente con el que los personajes están familiarizados. De éstos, “La fiesta brava” es el más complejo porque es una mise en abyme: un escritor fracasado escribe una historia en la que él y el protagonista terminan compartiendo el destino final; a eso se suma la serie de datos de todo tipo (literarios, históricos, de cultura pop, autorreferenciales) que forman parte del relato. Este es un recurso muy usado por Pacheco en la construcción de su narrativa, lo que acerca al lector pues puede identificarse. Los recursos tipográficos también son variados, al igual que en Morirás lejosmise en abymeLa sangre de Medusa y otros cuentos marginales