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Desde que te conoci

Luz del Carmen Ortiz Rosales

Desde que te conocí

© 2019, Luz del Carmen Ortiz Rosales

1ª Edición

© 2019, Book Depot, S.A. de C.V.

Cda. Guillermo Prieto 36, Col. Jesús del Monte,

Huixquilucan, Estado de México, C.P. 52764.

Todos los derechos reservados. Se prohíbe la reproducción, almacenamiento y divulgación total o parcial de esta obra por cualquier medio sin el pleno consentimiento y permiso por escrito de la editorial.


CAPÍTULO 1

Dicen que el último año de preparatoria es especial. Yo digo que es un año común y corriente: los mismos profesores, los mismos alumnos molestos, la misma comida mala, y la misma escuela.

—Vamos, cariño, solo este año.

Mi madre insiste en que use vestidos y tacones para este último año.

No soy muy fan de tacones y vestidos; para mí son molestos.

—No, ya te dije que no, y no hay nada en el mundo que pueda hacerme cambiar de opinión -repliqué con los brazos cruzados-

—No puedo creer que yo esté usando esto -mencioné mientras me subía al auto para ir a la escuela-

—Te ves bonita, hija.

Mi madre y yo llegamos a un “acuerdo”. Más bien me amenazó diciendo que, si no iba con vestido, sería el chófer de ella y de mis pequeños hermanos, y digamos que no es tan agradable que tu familia te utilice como un medio de transporte.

—No entiendo por qué es especial para ti.

—Hija, tu padre y yo nos conocimos en la preparatoria.

Y ahora me siento terrible. A mamá no le gusta hablar del tema. Mi padre murió en un incendio, cuando yo tenía trece años. Fue un gran golpe para la familia.

—Lo siento, no quise…

—No te preocupes, hija. Quiero que te relaciones con chicos y chicas de tu edad.

Tenía razón: no tengo muchos amigos y no soy tan sociable. No es porque no quiera serlo, sino que, cada vez que tengo una amiga o amigo nuevo, solo me utiliza ya sea para pasarles la tarea o simplemente para que no se sientan solos.

—Tengo a Mel.

Melissa o, como la llamo, Mel, es mi mejor y única amiga.

—Aparte de ella, tal vez… ¿chicos?

Oh, no.

—Mamá, ya hablamos de esto...

Sabía por dónde iría ella. No estoy muy necesitada de tener novio; tal vez nunca lo tenga.

—Algún día tendrás novio y es inevitable.

Tal vez tiene razón, pero no es el momento.

Estacionó el auto en frente del instituto para que pudiera bajar y dirigirme a clases.

Como lo sospechaba, en los pasillos estaban diversos grupos de chicos y chicas, los “populares”, los chicos “malos”, los “hippies”, los “nerds” y los simples mortales como Mel y yo.

Me dirigí a mi casillero, que se encontraba a lado del vestidor de chicos. Ya sé: para algunas chicas sería el lugar perfecto donde coquetear y ver a chicos “lindos con perfectos músculos”; pero para mí esto es una pesadilla: el olor repugnante de ahí es como estar en una carnicería con carne echada a perder.

—¿Qué olor es ese? -dijo una chica castaña y de baja estatura mientras se tapaba la nariz-

—Bienvenida a mi mundo, Mel.

—Ema, deberías de cambiarte de casillero.

—Lo he intentado por dos años, y ¿sabes lo que me dijeron?

Ella negó con la cabeza.

—Es estar aquí o estar al lado del baño de los chicos -le dije-

Su expresión de horror me causó risa.

—Hiciste bien, querida amiga -comentó-

En eso, el reloj de la escuela anunciaba el inicio de las clases, así que tomé mis libros y me dirigí junto con Mel a clase de Ciencias.