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Jurjo TORRES SANTOMÉ

La justicia curricular

El caballo de Troya de la cultura escolar

Ediciones Morata, S. L.

Fundada por Javier Morata, Editor, en 1920

C/ Mejía Lequerica, 12 28004 MADRID

morata@edmorata.es www.edmorata.es

La justicia curricular

El caballo de Troya de la cultura escolar

Por

Jurjo TORRES SANTOMÉ

© Jurjo TORRES SANTOMÉ

Esta obra ha sido publicada con una subvención de la Dirección General del Libro, Archivos y Bibliotecas del Ministerio de Cultura para su préstamo público en Bibliotecas Públicas, de acuerdo a lo previsto en el artículo 37.2 de la Ley de Propiedad Intelectual.

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© EDICIONES MORATA, S. L. (2012)

Mejía Lequerica, 12. 28004 Madrid

www.edmorata.es morata@edmorata.es

Derechos reservados

ISBN: 978-84-7112-697-9

Compuesto por: Sagrario Gallego Simón

Cuadro de la cubierta: Composición suprematista, 1923 por Ilyá CHASHNIK. Óleo sobre lienzo. 183 × 112 cm. Museo Thyssen-Bornemisza, Madrid. Reproducido con autorización

Contenido

Portada

Portadilla

Créditos

Dedicatoria

Introducción

CAPÍTULO PRIMERO: Siglo XXI: Revoluciones del presente y conocimientos necesarios para entender y participar en la sociedad

1. Revolución de las tecnologías de la información

2. Revolución en las comunicaciones

3. Revoluciones científicas

4. Revolución en la estructura de las poblaciones de las Naciones y Estados

Construcción de la marginalidad y pánico moral

La contribución del sistema educativo a la “desruralización”

5. Revolución en las Relaciones Sociales

6. Revoluciones económicas

Pero hay alternativas a la globalización neoliberal

La educación en un contexto de economía neoliberal

7. Revoluciones ecologistas

Los sistemas educativos y la educación ecológica

8. Revoluciones políticas

La formación política de la ciudadanía

9. Revoluciones estéticas

10. Revolución en los valores

11. Revolución en las relaciones laborales y en el tiempo de ocio

12. Revoluciones educativas

Los intereses ocultos de los diferentes diagnósticos de lo que acontece en las aulas

La OCDE como vigía de las políticas educativas

La definición y localización de “buenas prácticas”

¿Qué significa educar, hoy?

CAPÍTULO II: La finalidad de los contenidos escolares. Intervenciones curriculares inadecuadas

Intervenciones curriculares inadecuadas

1. Segregación

Agrupamientos y contenidos escolares por sexos

Agrupamientos y contenidos escolares por etnias

Agrupamientos y contenidos escolares por clases sociales

Agrupamientos y contenidos escolares por capacidades

2. Exclusión

Culturas silenciadas

3. Desconexión

“El día de ...”

Asignaturización

4. Tergiversación

Naturalización

Estrategia “ ni ... ni”

5. Psicologización

6. Paternalismo y Pseudotolerancia

Tratamiento Benetton

7. Infantilización

Waltdisneización

Currículum de turistas

8. Como realidad ajena o extraña

9. Presentismo - Sin historia

Algunos obstáculos para una educación anti-discriminación

CAPÍTULO III: Los centros escolares y las familias en las sociedades democráticas

La familia y su implicación en las instituciones escolares

Modelos de relación entre instituciones escolares y familias

Propuesta de Decálogo para Instituciones Escolares del siglo XXI

CAPÍTULO IV: Instituciones escolares en el marco de sociedades educadoras: La necesidad de estructuras flexibles y de vertebración entre actividades escolares y extraescolares

Recursos educativos de la comunidad e instituciones de enseñanza

Bibliografía

Otras obras sobre Política educativa y reformas educativas

Jurjo TORRES SANTOMÉ

A Montse y a Hoki

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Prior to and during World War II, Hitler’s genocidal Nazi party used variations

on the triangle to identify citizens and concentration camp prisoners

according to religion, ideology, sexual preference and numerous

other categories.

Some of the symbols were:

Yellow on Yellow (Star of David): Jew

Pink triangle: Homosexual

Brown: Gypsies

Purple: Jehovah’s Witnesses

Red: German Political Prisoners Communist

Black: Vagrants and lesbians

Green: Habitual criminals

Blue: Emigrants

Introducción

“Primero vinieron por los comunistas,

y no dije nada porque yo no era comunista.

Luego vinieron por los sindicalistas,

y no dije nada porque yo no era sindicalista.

Luego vinieron por los judíos,

y no dije nada porque yo no era judío.

Luego vinieron por mí, pero para entonces

ya no quedaba nadie para protestar”

Martin Niemöller (1892-1984)

La justicia curricular es el resultado de analizar el currículum que se diseña, pone en acción, evalúa e investiga tomando en consideración el grado en el que todo lo que se decide y hace en las aulas es respetuoso y atiende a las necesidades y urgencias de todos los colectivos sociales; les ayuda a verse, analizarse, comprenderse y juzgarse en cuanto personas éticas, solidarias, colaborativas y corresponsables de un proyecto más amplio de intervención sociopolítica destinado a construir un mundo más humano, justo y democrático.

Comprometerse con una educación crítica y liberadora obliga a investigar en qué medida los objetivos, contenidos, materiales curriculares, metodologías didácticas y modelos de organización escolar son respetuosos con las necesidades de los distintos colectivos sociales que conviven en cada sociedad. Requiere indagar si las interacciones personales en las aulas y en el centro escolar, así como los modelos de participación están condicionados por prejuicios y falsas expectativas; si las estrategias de evaluación sirven para diagnosticar cuanto antes los problemas y mantenernos alerta ante las dificultades que tiene cada estudiante, pero en especial las de aquellos que pertenecen a colectivos sociales en situaciones de riesgo, o a minorías que sufren toda clase de marginaciones. De igual manera, exige juzgar el grado en que las teorías educativas que subyacen en las propuestas curriculares con las que se trabaja, son el resultado de tener en cuenta las voces de los “otros”, sus necesidades, perspectivas y esperanzas.

A lo largo de los distintos capítulos de este libro iré tratando de ofrecer un análisis de las doce principales transformaciones que están aconteciendo en la mayoría de los países desarrollados en la actualidad, pero con la mirada puesta en las tensiones, repercusiones, condiciones, obligaciones y dilemas que cada una de ellas plantea a los sistemas educativos y, por tanto, al trabajo que la sociedad encomienda a las instituciones escolares.

Referirse a la justicia curricular compromete a considerar las necesidades del presente para seguidamente analizar críticamente los contenidos de las distintas disciplinas y las propuestas de enseñanza y aprendizaje con las que se pretende educar y preparar para la vida a las nuevas generaciones. Meta que, lógicamente, preocupa a aquel profesorado comprometido con el empoderamiento de los colectivos sociales más desfavorecidos y, por tanto, con la construcción de un mundo mejor y más justo.

Todavía en la actualidad en nuestras instituciones escolares nos encontramos con estudiantes que cada día del curso, desde que entran hasta que salen, se sienten extraños. Fuera de alguna que otra amistad construida al margen de la institución, no encuentran nada ni a nadie que les entienda, que hable de sus problemas, preocupaciones, necesidades, de las cosas que acontecen en la barriada en la que tienen su casa, de las razones por las que su vida es como es y por qué no es mejor.

La educación no puede ser un instrumento que genere autoodio y, por tanto, que sirva para romper los lazos tanto con la propia familia como con la comunidad de origen. Debemos ser conscientes de que en muchos momentos la educación produjo, y lo sigue haciendo, confusión y extrañamiento, pero además una asimilación no consentida, o más claramente, des-culturización. Educar es todo lo contrario de formar seres desvinculados socialmente, personas sin raíces ni tradiciones culturales.

Una situación semejante es la mejor prueba de un sistema educativo alienante, pero dado que no existe en la mente del profesorado ninguna intención de causar tal malestar, prefiero calificarlo de sistema desorientado. Tratamos y nos esforzamos por educar, pero no acabamos de tener el éxito que nos gustaría. El

problema puede estar en que no son realmente pertinentes las direcciones de nuestras miradas. Procuramos atender muchas cosas al mismo tiempo, pero al parecer nos quedan zonas en las que nuestros ojos no se detienen con la debida atención.

Durante las últimas décadas los sistemas educativos están siendo objeto de marcos legislativos y de la imposición de filosofías educativas y de orientaciones prácticas que descuidan aspectos que son de crucial importancia, como es la selección de la cultura con la que se puede llegar a comprender mejor un mundo cada vez más global y en el que se producen demasiadas transformaciones y —lo que suele causar más ansiedad— de manera simultánea.

Resituar en su debido lugar la importancia de los contenidos que deben ser objeto de atención prioritaria en las instituciones escolares exige contemplar aspectos como la inclusión, representación, el reconocimiento, aportaciones y valoraciones de las personas, colectivos, grupos y culturas que están presentes en las aulas y en la sociedad más amplia en la que está ubicado el centro escolar.

En un mundo en el que el miedo ante las personas desconocidas parece ir en aumento, en el que escuchamos con demasiada frecuencia hablar a nuestro alrededor de recortes en los derechos conquistados, de pérdida o menoscabo de valores como la solidaridad, el respeto, la ayuda, el apoyo, la igualdad, la austeridad..., es nuestra obligación detenernos a analizar con cuáles se pretende que los sustituyamos, y con que razonamientos se intenta lograr nuestro consentimiento.

Vivimos en un mundo complejo que requiere personas que sepan discutir con rigor, pero que también sepan dudar y, por tanto, mantengan siempre viva su curiosidad intelectual, pues la nueva ciudadanía democrática del siglo XXI precisa desarrollar una comprensión de la realidad más racional y argumentable; permanentemente sometida a reflexión y a debate. En un planeta tradicionalmente organizado cual teselas, sin consciencia del lugar y de las interacciones que cada una de ellas mantenía en el conjunto del mosaico del que formaba parte, es indispensable una mayor apertura de mente y de corazón hacia las distintas culturas, las ideas e ideales de los distintos colectivos sociales que habitan en un mismo país, así como de aquellos otros con los que nos relacionamos de manera directa o indirecta.

Una educación reflexiva en la que el marco de las distintas convenciones sobre los Derechos Humanos nos posibilite arriesgarnos a hacer valoraciones sobre realidades culturales muy diferentes de las nuestras, es una necesidad urgente en las actuales sociedades abiertas de hoy en día, en las que existe el riesgo de caer en un peligroso escepticismo normativo, reforzador de situaciones tremendamente injustas y que ninguna de las cartas de Derechos Humanos, aprobadas y en vigor en el momento presente, aceptaría. Un escepticismo consistente de valorar positivamente cualquier comportamiento o rito diferencial de una cultura, solo por el hecho de ser diferente; aludiendo a que, como no es típico de nuestro ambiente, no podemos ni debemos valorar. Este es uno de los peligros que acecha en algunos proyectos de educación multicultural que se le ofrecen a los centros, en los que da la sensación de que se quiere introducir al alumnado en una especie de feria de culturas; compitiendo entre ellas para ver cuál es más pura, inocente y antigua.

En un mundo cada vez más despolitizado y un tanto pasota corremos el riesgo de caer en un multiculturalismo anecdótico, limitado exclusivamente a incluir píldoras informativas descontextualizadas para dar sensación de prestar atención a la diversidad. Una estrategia en la que es muy fácil incurrir cuando se hace referencia a datos, imágenes aisladas y confusas, así como distorsionadas acerca de la historia, cultura y situación actual de algunos colectivos culturales marginados o pertenecientes a minoritarios sin poder.

Una garantía de éxito en la educación se basa en que el alumnado no precise abandonar sus identidades culturales para aprender, sino que el profesorado las contemple como un activo del que partir, con el que empezar la construcción y remodelación de nuevos conocimientos, más que tratarlas como un obstáculo o un freno a salvar o a ignorar (Gloria LADSON-BILLINGS, 1994).

Es preciso estar dispuesto a cuestionarse en qué medida la selección de contenidos culturales con la que se trabaja en las aulas tiene como objetivo fundamental preservar los intereses de determinados colectivos hegemónicos, construir relaciones de poder a su servicio, antes que promover aprendizajes liberadores en contextos de enseñanza y aprendizaje democráticos.

Una educación que abra puertas, que genere optimismo en el presente y ante el futuro, requiere, asimismo, de una tarea prospectiva que, a su vez, necesita tener presentes los cambios que están teniendo lugar en nuestras sociedades, las oportunidades que se abren así como los peligros que acechan, para poder imaginar con algo más de rigor el mundo del futuro y, por consiguiente, las probables necesidades del alumnado que ahora está en las aulas.

En consecuencia, educar personas solidarias, autónomas, democráticas y libres obliga a hacerles conscientes de que precisan un amplio bagaje cultural que les facilite entender cómo es el mundo actual y, por supuesto, ayudarles a convencerse de que deben ser respetuosos con la autonomía y libertad de pensamiento a la que cada ser humano tiene derecho; hacerles conscientes de que hay realidades e ideas que son y deben ser defendidas y otras, por el contrario, indefendibles. Como subraya Martha C. NUSSBAUM (2005, pág. 324), “la gente que nunca ha aprendido a usar la razón y la imaginación para ingresar en un mundo más amplio capaz de acoger distintas culturas, grupos e ideas, se empobrece personal y políticamente, a pesar de lo exitosa que sea su preparación profesional”.

Una institución escolar comprometida con la justicia curricular obliga, además, a que el ejercicio profesional del profesorado se rija activa y reflexivamente con principios éticos como: Integridad e imparcialidad intelectual, coraje moral, respeto, humildad, tolerancia, confianza, responsabilidad, justicia, sinceridad y solidaridad (Jurjo TORRES, 2009, pág. 74).

Asegurar y perfeccionar la democracia conquistada es un proceso permanentemente abierto y que requiere de una ciudadanía informada, educada, alerta y utópica, con fe en el futuro porque desde hoy trabajamos para garantizarlo.