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Y de noche…

Historias de espectros,
fantasmas y otras visiones

Y de noche…

Historias de espectros, fantasmas y otras visiones

Gustavo Adolfo Bécquer, Antón Chéjov, H. P. Lovecraft, Guy de Maupassant, Edgar Allan Poe, Horacio Quiroga, Rainer Maria Rilke, Saki, Robert Louis Stevenson, Bram Stoker y Mark Twain

Selección y edición: Julián Romero
Cuidado de la edición: Leticia Dávila
Prólogo: Luisa Iglesias Arvide

© De la traducción: Una noche de espanto de León Noguera.
Aparición de Agnès Vizcarra. El gato negro de Genny Hoyos.
El fantasma de Víctor Carrera. La ventana abierta,
Los ladrones de cadáveres, La casa del juez
y Una historia de fantasmas de Teresa de Ávila

Portada: El fantasma, una fiesta de navidad, 1814, John Massey Wright (1777-1866), grabado punteado, Colección de dibujos animados británicos/Biblioteca del Congreso de Grabados y Fotografías de División de Washington, DC 20540 EE. UU.

Primera edición en Orbilibro: 2017

D. R. © 2016, Orbilibro Ediciones S. A. de C. V.
Sur 101-A, núm. 729-A, int. 6, Sector Popular,
Iztapalapa, México, D. F.

www.orbilibro.com

ISBN: 978-607-97094-9-5

Prohibida su reproducción y difusión por cualquier medio mecánico o electrónico sin la autorización escrita del editor

Y de noche…

Historias de espectros,
fantasmas y otras visiones

Bécquer • Chéjov • Lovecraft • Maupassant Poe • Quiroga • Rilke • Saki • Stevenson
Stoker • Twain

Índice

Preparatoriana carta de amor para nuestros héroes

Por Luisa Iglesias Arvide

Gustavo Adolfo Bécquer

Maese Pérez, el organista

Antón Chéjov

Una noche de espanto

H. P. Lovecraft

La tumba

Guy de Maupassant

Aparición

Edgar Allan Poe

El gato negro

Horacio Quiroga

El espectro

Rainer Maria Rilke

El fantasma

Saki

La ventana abierta

Robert Louis Stevenson

Los ladrones de cadáveres

Bram Stoker

La casa del juez

Mark Twain

Una historia de fantasmas

Queridos héroes:

Por supuesto que nos retorcimos en nuestro asiento hasta las tres de la mañana para escribirles esta confesión. Nos importa poco sonarles románticos o pasarnos de ridículos. Quizá sea el desvelo, el deseo, el hambre que nos producen sus páginas, ésas que a veces huelen a humo y otras a puritito hueso y espectro. Hemos discutido una y otra vez la estrategia de nuestro acercamiento. Ya quisimos vernos más inteligentes que ustedes. Quisimos analizarlos, citarlos, sentirnos los grandes expertos de sus narrativas… y en cada uno de estos intentos otros lograron, sin problema alguno, distinguir nuestras apresuradas costuras literarias. No nos mal interpreten. Es que nos intimidan, nos asustan, nos impresionan, nos hacen sentir parte de la victoria y el naufragio. Nos transgreden en el honorable sentido de la palabra. Hemos decidido abandonar las armas y las pretensiones para declararles nuestro amor y simplemente disfrutarlos.

Se preguntarán por qué lo hacemos hasta ahora. En tiempos como estos, en los que no nos conocemos y pareciera que todos le tenemos miedo al de junto, no nos queda de otra: debemos unirnos para contar nuestra historia y reconfigurarnos. En la secundaria nos llamaron los ñoños, las darketas, el de los lentes, la que nunca se peina. Nos sentimos durante tanto tiempo solos, incomprendidos (y no, no nos afecta ocupar estos tremendos lugares comunes); nos refugiamos en las bibliotecas y poco a poco nos volvimos los invisibles, los fantasmas. Si no fuera por ustedes, macabros genios, no nos habríamos encontrado.

A pesar de considerarnos lectores voraces, ser lo que somos y leer lo que leemos nos desterró a la esquina lóbrega de los que “le hacen a la literatura menor”; ya imaginarán, esos que “se ocultan detrás de sombras y criaturas fáciles”. ¿Fáciles? ¿De verdad? Esto de ser fantasmas no es una tarea sencilla. Ustedes, amados héroes, lo saben mejor que nosotros.

Los relegados, los malos, los locos. Nosotros sólo queremos seguir su vuelo nocturno. Enamorarnos de espectros, perdernos en ingratas casas embrujadas, acariciar fantasmas y contar sus historias. Qué sería de nosotros sin las atmósferas de Lovecraft, sin los emblemas de Stoker, sin los gatos y cuervos de Poe. Qué sería de nuestra prosa sin Bécquer, de nuestro ritmo sin Rilke. Somos nuestras lecturas. Somos apariciones de Maupassant, espectros de Quiroga, pesadillas de Chéjov.

Lo que queremos decirles es, sin darle más vueltas al asunto, que acercarnos a sus relatos nos cambió la vida. Que nos hicieron sentir menos abandonados. Que todavía los necesitamos, cada vez con más urgencia, para que ser el otro, el extraño, el fantasma, no sea el naufragio sino la victoria.

Gracias, autores. Gracias, editores. Gracias, Y de noche…, por darnos un hogar. Nuestros sombríos héroes.